El dragón barbudo es un animal de sangre fría, por lo que depende completamente de su entorno para regular su temperatura corporal. En la naturaleza lo hace calentándose al sol, que no solo proporciona calor, sino también luz UVB. En el terrario debemos imitar este sol natural con dos fuentes de luz diferentes: una lámpara UVB y una lámpara de calor.
Lámpara UVB:
Esta lámpara emite radiación ultravioleta tipo B (UVB), necesaria para la producción de vitamina D3 en el organismo. La vitamina D3 permite la correcta absorción del calcio de la alimentación, lo cual es esencial para unos huesos fuertes y un buen funcionamiento muscular. Sin luz UVB, el dragón barbudo puede desarrollar rápidamente una deficiencia de calcio, lo que puede derivar en enfermedad ósea metabólica (MBD).
La lámpara debe estar encendida entre 10 y 12 horas al día y colocarse a la distancia adecuada, generalmente entre 20 y 30 cm de la zona de asoleo, dependiendo del tipo de lámpara. Es importante reemplazarla cada 6 a 12 meses, incluso si sigue emitiendo luz, ya que la radiación UV disminuye con el tiempo.
Lámpara de calor (basking lamp):
Esta lámpara proporciona una fuente de calor localizada donde el dragón barbudo puede calentarse. Este “punto de asoleo” es fundamental para la digestión, el metabolismo y la actividad general. Debajo de la lámpara, la temperatura debe estar entre 38–42 °C, mientras que el resto del terrario debe ser más fresco (26–30 °C). De este modo, el animal puede elegir dónde colocarse para regular su temperatura corporal. Por la noche, la temperatura puede descender a 20–22 °C.
En conjunto, la lámpara UVB y la lámpara de calor forman una combinación esencial: una para la salud ósea y el metabolismo de las vitaminas, y la otra para el calor, la digestión y el bienestar general. Sin esta combinación, un dragón barbudo no puede mantenerse sano.